Desde 2020, el presidente menciona el tema sin aportar contenido. Ordena abrir archivos y promete revelar documentos muy interesantes. El expediente continúa con amplias secciones tachadas, lo que limita la claridad de la información disponible.

Trump y los extraterrestres: el hombre que sabe lo que no dice
Era el 16 de febrero de 2026. El Air Force One (Avión presidencial de Estados Unidos) sobrevuela un punto entre West Palm Beach y la Base Conjunta Andrews cuando un periodista aprovechó esos minutos sin protocolo, sin tribuna y sin teleprónter para preguntarle al presidente Donald Trump si los extraterrestres son reales. El interrogante llegó tras unas declaraciones de Barack Obama que habían encendido los noticieros del fin de semana.
Trump miró hacia adelante e hizo una pausa. Respondió: “No sé si son reales o no. No tengo una opinión al respecto. Nunca hablo de eso.” Después giró la conversación hacia Obama y lo acusó de haber filtrado información clasificada. Afirmó además que el expresidente “cometió un grave error”. No dio pistas sobre lo que conoce, lo que calla o lo que se resiste a mostrar.
El silencio no aparece por primera vez, es más bien un patrón.
«No tengo una opinión al respecto. Nunca hablo de eso. Mucha gente sí.»
— Donald Trump, Air Force One, 16 de febrero de 2026

Trump y los extraterrestres: una reserva de cuatro años
En enero de 2021, días antes de dejar la Casa Blanca por primera vez, Trump firmó una orden para que la CIA desclasificara archivos sobre fenómenos aéreos no identificados. Fue un gesto de apertura sin un aporte genuino, pues nunca habló de lo que había visto o escuchado o recibido en informes.
En 2023, mientras la audiencia del Congreso con David Grusch sacudía Washington (EE.UU. recuperó naves y cuerpos no humanos, afirmó), Trump guardó silencio en público. En 2024, cuando el Pentágono publicó un informe con 1.652 reportes acumulados de fenómenos anómalos, tampoco se pronunció. El mismo año, su nuera, Lara Trump, insinuó en un pódcast que el presidente tenía preparado un discurso sobre extraterrestres, que lo daría “en el momento adecuado”. La Casa Blanca negó que existiera tal discurso y nadie aclaró qué había querido decir Lara Trump.
El patrón se repite: Trump toca el tema, despierta expectativa, luego se reserva y ni confirma ni desmiente. Acusa a otros de revelar lo que no deben, mientras él mantiene su silencio.
Trump y los extraterrestres: el andamiaje jurídico de lo que no se puede decir
En 2022, la Ley de Autorización de Defensa Nacional creó la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO), bajo el mando del Departamento de Defensa. Su mandato es catalogar, investigar y divulgar. En julio de 2023, los senadores Chuck Schumer y Mike Rounds presentaron una enmienda de 64 páginas (la llamada Ley de Divulgación de Fenómenos Anómalos) que proponía acceso más amplio a los registros y reconocía la propiedad federal sobre cualquier tecnología de origen desconocido recuperada en suelo americano.
Aquel marco legal establece qué puede decirse y qué debe permanecer oculto. Hay archivos clasificados. Hay programas que, según denunciantes, escapan incluso a la supervisión del Congreso. Existe una cadena de autorización que ningún expresidente (ni siquiera un presidente en funciones) puede romper sin consecuencias legales. Trump es consciente del peso jurídico del orden verbal. Por lo cual, al referirse a archivos sobre fenómenos no identificados, habla de “iniciar el proceso de identificar y publicar”. Invierte el orden y no dice “publicar e iniciar el proceso”.
Marco legal vigente: La Oficina AARO opera bajo supervisión presidencial y coordina con la Casa Blanca y agencias federales la transferencia de registros a los Archivos Nacionales. El Pentágono ha confirmado que ninguna investigación desde la Segunda Guerra Mundial ha encontrado evidencia de tecnología de origen extraterrestre.
Trump y los extraterrestres: careo entre política y juramento
El 26 de julio de 2023, tres exmilitares se presentaron ante el Subcomité de Supervisión de la Cámara de Representantes. Levantaron la mano derecha y juraron decir la verdad. Luego dieron unas declaraciones que ningún presidente en un estrado oficial había dicho jamás.
David Grusch, exoficial de inteligencia de la Fuerza Aérea, afirmó bajo juramento que el gobierno federal mantendría un programa de recuperación de materiales de origen no humano, operativo durante décadas al margen de la supervisión del Congreso y financiado con recursos desviados. De igual forma, Ryan Graves, piloto retirado de la Marina, aseguró que había observado fenómenos inexplicables frente a la costa atlántica “todos los días durante al menos un par de años”. David Fravor recordó un objeto con forma de Tic-Tac que aceleró y desapareció frente a su aeronave en 2004, en un claro desafío a toda aerodinámica conocida.
El Pentágono negó las afirmaciones de Grusch y dijo no contar con “información verificable” que las respalde, aunque tampoco presentó documentos que las refutaran. Trump, en ese momento aspirante a la presidencia, no tomó partido ni por Grusch ni por el Pentágono y dejó el careo sin árbitro. Luego volvió al silencio de siempre sobre los extraterrestres.
«Me informaron de un programa de ingeniería inversa y recuperación de UAP fallidas de varias décadas, al que se me negó el acceso.»
— David Grusch, bajo juramento ante el Congreso, 26 de julio de 2023
Trump y los extraterrestres: el expediente
En abril de 2026, la congresista republicana, Anna Paulina Luna, fijó un plazo al Pentágono para entregar 46 videos de investigaciones recientes antes del 14 de abril. El plazo venció y los videos no llegaron. Después Luna amenazó con recurrir a citaciones judiciales. La AARO (Oficina militar de anomalías aéreas), mientras tanto, confirmó que ha transferido registros a los Archivos Nacionales “en conformidad con la ley federal”, lo cual es una fórmula que significa que sí hay material y que la ley aún no lo permite transferir.
¿Qué parte del expediente permanece tachada? La que corresponde a los programas que David Grusch describió como “legados”, es decir, las iniciativas de acceso ultrarrestringido, financiadas de manera no convencional y fuera del control del Congreso ordinario. Si existen y no pueden salir a la luz por una orden ejecutiva simple, pues requieren un proceso de desclasificación que puede tardar meses o años, y Trump lo sabe.
Trump promete documentos “muy interesantes” que llegarán “muy pronto”, pero no precisa cuándo.
Lo que implica que un expresidente guarde silencio
Trump no es un ciudadano común frente a una pregunta así, pues fue Comandante en Jefe durante cuatro años, recibió informes de inteligencia clasificados y tuvo acceso a información que ningún periodista, congresista sin autorización o ciudadano puede solicitar con plena libertad.
Cuando afirma “no sé si son reales o no”, se abren dos posibilidades. La primera es que no dispone de datos concluyentes, porque los informes que recibió tampoco lo eran. La segunda es que conoce algo que no puede revelar por estar bajo restricción de clasificación, y su reserva es una forma de cumplir con la ley. En ambos casos, su silencio pesa distinto al de cualquier otro ciudadano, pues un expresidente que no sabe o no puede decir ya es noticia.
Cuando acusó a Obama de divulgar información clasificada al afirmar que los extraterrestres “son reales” (aunque Obama aclaró que hablaba de probabilidades estadísticas, no de evidencia), Trump mostró que conoce la línea entre lo que puede decirse y lo que debe callarse, y esa línea es, en sí misma, un mapa del expediente o un plano de la investigación.
Abril de 2026, el caso sin veredicto
A la fecha de esta publicación, el proceso de divulgación ordenado por Trump en febrero de 2026 sigue en curso. La AARO coordina con la Casa Blanca y las agencias federales para consolidar los registros y el secretario de Defensa Pete Hegseth, al ser consultado sobre la existencia de extraterrestres, respondió: “Veremos.” De igual modo, el Pentágono ha recibido 1.652 reportes de fenómenos anómalos desde 2004, y 21 de ellos requirieron análisis adicional por comportamientos fuera de lo ordinario. Con la característica de que ninguno ha sido atribuido de manera oficial a tecnología de origen no humano.
En el Capitolio, la presión legislativa continúa. Anna Paulina Luna insiste en los 46 videos, mientras Tim Burchett reclama transparencia. Mientras tanto, Trump, desde Turning Point USA en Phoenix, donde anunció que habían hallado documentos “muy interesantes”, prometió que serían divulgados “muy pronto”. Cayendo de nuevo en la misma promesa repetida, con las mismas palabras y sin fecha concreta.
El expediente está sobre la mesa, aunque lo esencial sigue invisible.
— El silencio también es una declaración. —

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